Chile es un país de contrastes y gran belleza, que ofrece al turista seguridad, naturaleza indómita y excelentes servicios turísticos para disfrutar de una espléndidas vacaciones de aventura o placer.

El país más largo y angosto del continente, con 4.329 kms de longitud y sólo 177 kms de ancho promedio, es una de las economías de mayor proyección en Sudamérica y tiene una larga trayectoria democrática. Chile es también el lugar de los extremos geográficos y climáticos: en el norte se extiende el Desierto de Atacama, el más árido del mundo, cuna de ancestrales culturas indígenas. Los paisajes mediterráneos del centro dan vida a Santiago – la capital- rodeada de fértiles valles vinícolas y modernos centros de esquí.

Aún más, a 3.790 kms del continente, la Isla de Pascua –también llamada el ombligo del mundo por los habitantes- espera al extranjero con una cultura y un patrimonio arqueológico únicos.

En el sur, lagos, ríos salvajes, volcanes y bosques nativos permiten el contacto íntimo con la naturaleza. Y la isla de Chiloé, para muchos un paraíso en la tierra, es hogar de un pueblo ante todo amistoso, autor de fantásticos mitos.

En la Patagonia norte y Patagonia sur, fiordos y campos de hielo reciben a genuinos espíritus aventureros y, en la Antártica, un creciente turismo de frontera descubre la magia de la vida en un entorno de hielos eternos.

Por este diversidad de paisajes y geografía abrupta, Chile es esencialmente un país para disfrutar de la naturaleza en sus expresiones más variadas. Montañismo, cabalgatas y esquí en la cordillera de los Andes, exploraciones arqueológicas en el desierto de Atacama, observación de flora y fauna a lo largo del país, buceo y playas en el océano pacífico; paseos por los magníficos valles del vino, rafting y kayaking en ríos y fiordos, navegación entre témpanos de hielo o excursiones a antiguos sitios rurales en Isla de Pascua son algunas de las actividades que el turística puede emprender en su territorio.

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